bipi
08-04-2003, 08:01 PM
Os voy a narrar una historia que me sucedió, cuando yo estaba rozando el ser mayor de edad, con la madre de un amigo mío, Lila se llamaba, tenía unos 50 años, medía sobre 1,65, estaba rellenita, morena, con unas tetas grandes y un buen culo. Yo iba mucho a su casa, tenía un trato con ella como si fuera mi madre, ya que yo estaba allí muchas veces con mi amigo Mario. Mi amigo tiene una hermana, Virginia, con un año menos, yo andaba loco por ella.
Uno de los días que fui a su casa, Lila me comentó que Mario y Virginia habían ido al supermercado, que los esperara. Le dije que vale, que me pondría a jugar de mientras en el ordenador, ella me dijo que de acuerdo, que estaba en la cocina. Lo puse, y lo que hice fue ver fotos porno en el ordenador, cogí un buen calentón. Silenciosamente, fui a la habitación de Virginia, sin que la madre se enterara, busque entre los cajones de su ropa unas braguitas, tomé unas negras, y me las llevé. Retorné a la habitación de Mario, y delante del ordenador me saqué la polla, poniéndomela a menear inmediatamente, observando las fotos, y pensando en Virginia, me masturbaba ricamente, acariciaba la polla con las braguitas. De repente, se abrió la puerta y apareció Lila, me dijo que si quería tomar algo, pero al verme, se quedó muda en la puerta, yo colorado como un tomate. Me dijo que era temprano para empezar a darle, que terminase, que estaba en la cocina. Me quedé helado con sus palabras, mi polla ya no estaba para acabar nada, no sabia que hacer, el corazón me latía a mil por hora, me temblaban las piernas, no podía decir palabra. Pasados unos minutos oí ruidos, escuché como Mario venía a toda velocidad. Me saludó, y me preguntó por la cara que tenía de fantasma, le dije que cerrara le puerta, y le conté lo que pasó, él me dijo que era un cabróncete, pero que me olvidase de eso, que la madre era muy liberal y que no vio nada que hubiera visto ya.
A los pocos días fui a ver a Mario, me abrió la puerta su hermana, le dije si estaba el hermano, y me indicó que en su cuarto, mientras me dirigía a él, oí decir a Virginia, cuidado con mancharme las bragas, me quedé casi clavado en el sitio, pero de pronto retorné a su altura y le dije que cuidado con que, ella replicó que con mis bragas, que ya me contó mi madre que tienes la mano inquieta. Subí para arriba colorado como un tomate y pensando en lo que tardo Virginia en largarle a la hija lo de la paja, se lo comenté a Mario, y me dijo que ayer comiendo lo contó, y que a mi hermana no le gusto nada que usaras sus bragas.
Cuando estábamos en plena charla llego Virginia y le dijo a Mario que nos dejase solos para hablar un momento, él se fue, y ella me pidió perdón por lo del otro día, que sabía que era normal a nuestra edad, le respondí que era yo quien lo sentía, que me perdonase por hacerlo, y cogiera las bragas de Virginia, ella me dijo que bueno, que lo olvidásemos los dos, se levantó y me dio un beso en los labios con un ligero roce y se despidió, la polla creció vertiginosamente, desde ese día empecé a verla con otros ojos. Un día estaba viendo la tele con Mario, cuando Lila llegó de trabajar, le pidió a Mario que le fuera a comprar unas cosas al supermercado, que de mientras iba a hablar conmigo. Lila se sentó en el sofá a mi lado y se descalzo los pies, con solo ver sus piernas desde la rodilla a sus pies enfundados en las medias negra me puse como una moto, empezamos a charlar un rato, ella me comentó que venía muerta de trabajar, que traía las piernas hechas polvo de estar todo el día de pie, le recomendé un masajista para las piernas, me respondió que no tenía dinero para pagarlo. No sé lo que pasó por mi cabeza pero tomé sus piernas y las llevé encima de las mías, se giró para ponerlas encima de las mías, y con suavidad, empecé a masajear las piernas hasta la rodilla, de arriba abajo, con cuidado, lentamente. Ella tenía los ojos cerrados, continué masajeándole las piernas y empecé a subir por debajo de su falda, tenía los muslos firmes y calientes. Me armé de valor y le dije que fuéramos a su habitación y le daba un buen masaje en la cama. Ella cogió la indirecta, y me dijo que estaba loco, que podía ser mi madre, le dije que no lo era y que la deseaba, ella medio convencida me dijo que bueno, que fuéramos a la habitación, pero solo para que le diera un masaje.
Me cogió de la mano y me llevó a su cuarto, cerró la puerta y allí de pie me besó, nos estuvimos comiendo la lengua durante un rato, hasta que se separó de mí, y dijo que era de locos, que lo dejáramos ahora, que estábamos a tiempo, le dije que ya era tarde, se acercó a mí y continuamos besándonos. Levanté su falda y le clavé las manos en el culo, lo tenía grande y firme, era una gozada sentir el tacto de su piel y de sus bragas por encima. Empezó a desnudarme, enseguida me quito la camiseta y dejo mi torso al descubierto, emprendió a acariciarme los pezones, y a lamerlos, me estaba poniendo a cien. Le quité la camisa y surgieron dos apacibles pechos, tenía un sujetador negro que los mantenía comprimidos, después de un ligero movimiento le quité el cierre y le solté el sujetador dejando sus tetas al aire, se cayeron poco, eran grandes pero estaban firmes, con pezones grandes y morenos. Mansamente empecé a lamerlos y a besarlos, los sobaba con mucha delicadeza. Nos terminamos de desnudar y nos tumbamos en la cama, nos abrazamos y seguimos besándonos, notando como mi polla rozaba con los pelos de su coño. Lila se tumbó boca arriba y se abrió de piernas, las cogí y las puse en mis hombros, y a continuación se la metí, tenía el coñito muy mojado, caliente y delicioso. Empecé a follarla lentamente, porque estaba a punto de correrme, pero no podía aguantar mucho más, así que se la saqué, y empecé a besarla nuevamente, haciendo tiempo para que descansase, al rato me tumbé en la cama y le pedí que se pusiera encima, se puso, y se clavó mi polla. Se movía arriba y abajo, cogí sus tetas y le pellizqué los pezones, ella gemía y se movía cada vez más, con los ojos cerrados, y mordiéndose el labio. Se corrió, y yo a duras penas pude aguantar el momento sin correrme, quería terminar fuera, así que le dije que me hiciera una cubana, se inclinó sobre mí, cogió mi polla entre sus tetas y empezó a masajeármela, que gustazo, pero en dos o tres meneos me corrí sobre sus tetas. Se acostó a mi lado y me cogió la mano, me dijo que le gustó mucho, que hacía tiempo que no follaba, pero que eso no se iba a repetir, y así fue, nunca más nos liamos.
Autor: Fary
pabloeresmas@hotmail.com
Uno de los días que fui a su casa, Lila me comentó que Mario y Virginia habían ido al supermercado, que los esperara. Le dije que vale, que me pondría a jugar de mientras en el ordenador, ella me dijo que de acuerdo, que estaba en la cocina. Lo puse, y lo que hice fue ver fotos porno en el ordenador, cogí un buen calentón. Silenciosamente, fui a la habitación de Virginia, sin que la madre se enterara, busque entre los cajones de su ropa unas braguitas, tomé unas negras, y me las llevé. Retorné a la habitación de Mario, y delante del ordenador me saqué la polla, poniéndomela a menear inmediatamente, observando las fotos, y pensando en Virginia, me masturbaba ricamente, acariciaba la polla con las braguitas. De repente, se abrió la puerta y apareció Lila, me dijo que si quería tomar algo, pero al verme, se quedó muda en la puerta, yo colorado como un tomate. Me dijo que era temprano para empezar a darle, que terminase, que estaba en la cocina. Me quedé helado con sus palabras, mi polla ya no estaba para acabar nada, no sabia que hacer, el corazón me latía a mil por hora, me temblaban las piernas, no podía decir palabra. Pasados unos minutos oí ruidos, escuché como Mario venía a toda velocidad. Me saludó, y me preguntó por la cara que tenía de fantasma, le dije que cerrara le puerta, y le conté lo que pasó, él me dijo que era un cabróncete, pero que me olvidase de eso, que la madre era muy liberal y que no vio nada que hubiera visto ya.
A los pocos días fui a ver a Mario, me abrió la puerta su hermana, le dije si estaba el hermano, y me indicó que en su cuarto, mientras me dirigía a él, oí decir a Virginia, cuidado con mancharme las bragas, me quedé casi clavado en el sitio, pero de pronto retorné a su altura y le dije que cuidado con que, ella replicó que con mis bragas, que ya me contó mi madre que tienes la mano inquieta. Subí para arriba colorado como un tomate y pensando en lo que tardo Virginia en largarle a la hija lo de la paja, se lo comenté a Mario, y me dijo que ayer comiendo lo contó, y que a mi hermana no le gusto nada que usaras sus bragas.
Cuando estábamos en plena charla llego Virginia y le dijo a Mario que nos dejase solos para hablar un momento, él se fue, y ella me pidió perdón por lo del otro día, que sabía que era normal a nuestra edad, le respondí que era yo quien lo sentía, que me perdonase por hacerlo, y cogiera las bragas de Virginia, ella me dijo que bueno, que lo olvidásemos los dos, se levantó y me dio un beso en los labios con un ligero roce y se despidió, la polla creció vertiginosamente, desde ese día empecé a verla con otros ojos. Un día estaba viendo la tele con Mario, cuando Lila llegó de trabajar, le pidió a Mario que le fuera a comprar unas cosas al supermercado, que de mientras iba a hablar conmigo. Lila se sentó en el sofá a mi lado y se descalzo los pies, con solo ver sus piernas desde la rodilla a sus pies enfundados en las medias negra me puse como una moto, empezamos a charlar un rato, ella me comentó que venía muerta de trabajar, que traía las piernas hechas polvo de estar todo el día de pie, le recomendé un masajista para las piernas, me respondió que no tenía dinero para pagarlo. No sé lo que pasó por mi cabeza pero tomé sus piernas y las llevé encima de las mías, se giró para ponerlas encima de las mías, y con suavidad, empecé a masajear las piernas hasta la rodilla, de arriba abajo, con cuidado, lentamente. Ella tenía los ojos cerrados, continué masajeándole las piernas y empecé a subir por debajo de su falda, tenía los muslos firmes y calientes. Me armé de valor y le dije que fuéramos a su habitación y le daba un buen masaje en la cama. Ella cogió la indirecta, y me dijo que estaba loco, que podía ser mi madre, le dije que no lo era y que la deseaba, ella medio convencida me dijo que bueno, que fuéramos a la habitación, pero solo para que le diera un masaje.
Me cogió de la mano y me llevó a su cuarto, cerró la puerta y allí de pie me besó, nos estuvimos comiendo la lengua durante un rato, hasta que se separó de mí, y dijo que era de locos, que lo dejáramos ahora, que estábamos a tiempo, le dije que ya era tarde, se acercó a mí y continuamos besándonos. Levanté su falda y le clavé las manos en el culo, lo tenía grande y firme, era una gozada sentir el tacto de su piel y de sus bragas por encima. Empezó a desnudarme, enseguida me quito la camiseta y dejo mi torso al descubierto, emprendió a acariciarme los pezones, y a lamerlos, me estaba poniendo a cien. Le quité la camisa y surgieron dos apacibles pechos, tenía un sujetador negro que los mantenía comprimidos, después de un ligero movimiento le quité el cierre y le solté el sujetador dejando sus tetas al aire, se cayeron poco, eran grandes pero estaban firmes, con pezones grandes y morenos. Mansamente empecé a lamerlos y a besarlos, los sobaba con mucha delicadeza. Nos terminamos de desnudar y nos tumbamos en la cama, nos abrazamos y seguimos besándonos, notando como mi polla rozaba con los pelos de su coño. Lila se tumbó boca arriba y se abrió de piernas, las cogí y las puse en mis hombros, y a continuación se la metí, tenía el coñito muy mojado, caliente y delicioso. Empecé a follarla lentamente, porque estaba a punto de correrme, pero no podía aguantar mucho más, así que se la saqué, y empecé a besarla nuevamente, haciendo tiempo para que descansase, al rato me tumbé en la cama y le pedí que se pusiera encima, se puso, y se clavó mi polla. Se movía arriba y abajo, cogí sus tetas y le pellizqué los pezones, ella gemía y se movía cada vez más, con los ojos cerrados, y mordiéndose el labio. Se corrió, y yo a duras penas pude aguantar el momento sin correrme, quería terminar fuera, así que le dije que me hiciera una cubana, se inclinó sobre mí, cogió mi polla entre sus tetas y empezó a masajeármela, que gustazo, pero en dos o tres meneos me corrí sobre sus tetas. Se acostó a mi lado y me cogió la mano, me dijo que le gustó mucho, que hacía tiempo que no follaba, pero que eso no se iba a repetir, y así fue, nunca más nos liamos.
Autor: Fary
pabloeresmas@hotmail.com