terra
06-05-2006, 01:23 PM
Un ascenso a la máxima categoría no se consigue fácilmente y, cuando se logra, hay que celebrarlo a lo grande; el Nàstic cumplió con creces
Tarragona vivió ayer la fiesta del ascenso. La ciudad quiso celebrar a lo grande que el año que viene vivirá el mejor fútbol de España, el fútbol de la Primera División, y lo hizo con sus ídolos, los jugadores, técnicos y directivos de un Nàstic que se soltaron al máximo para disfrutar de una jornada soñada desde hace muchos meses. La espera valió la pena porque fue una de las fiestas más sonadas que se recuerdan en las calles de la ciudad imperial.
La fiesta había empezado en Jerez de la Frontera justo después de que Arcas Piqueres señalara el final del partido ante el Xerez. Los jugadores se volvieron locos de alegría y la celebración duró hasta altas horas de la madrugada... o tempranas horas del día según se mire. Pero sólo era un aperitivo. Lo grande esperaba en Tarragona, donde los jugadores granas vivieron un baño de masas que nada tiene que envidiar al que hace varias semanas disfrutaron los héroes del Barcelona que lograron la Champions.
De hecho, no hizo ni siquiera falta llegar a Tarragona para empezar a vivir. La expedición grana comenzó a vivir las primeras sensaciones nada más aterrizar en el aeropuerto barcelonés de El Prat. Allí, ya les esperaban más de un centenar de aficionados, que les recibieron como auténticos héroes. Este grupo de incondicionales no quiso esperar a la rúa de la tarde para felicitar a la plantilla grana y no les importó tener que esperar una hora hasta que los jugadores salieron a la zona abierta de la terminal. Entonces, vítores, cánticos y ánimos acompañaron a los expedicionarios hacia el autocar que les tenía que llevar de regreso.
Pero lo grande se vivió por la tarde. Tarragona se echó a la calle. Entre 30.000 y 35.000 seguidores invadieron las principales arterias de la ciudad, incluyendo la Plaça de la Font, sede del Ayuntamiento, donde finalizaba la rúa que la plantilla grana, montada en un autocar descubierto realizó el trayecto que comenzó en la Plaça Imperial Tarraco, bajó por la Rambla Nova en dirección al Balcó del Mediterrani, pasando después por la estatua dels Despullats, Adrià, Sant Agustí y Portalet. A lo largo de todas estas calles, miles y miles de seguidores granas abarrotaban las aceras gritando, cantando, animando con banderas, bengalas, bufandas y cualquier objeto susceptible de hacer ruido y coreaban uno por uno los nombres de una plantilla que ya ha pasado, por méritos propios, a la historia del Nàstic.
Tras cerca de dos horas de paseo, los futbolistas, técnicos y directivos granas bajaron del vehículo y se dirigieron en un lento trayecto –los aficionados impedían avanzar más rápido y, todo hay que decirlo, los propios jugadores tampoco mostraban demasiado interés por acelerar el paso– hacia la sede del consistorio tarraconés.
A la llegada a la Plaça de la Font, la victoriosa expedición fue recibida con las notas del ‘We are the champions’ de Queen, y los héroes granas se unieron en comunión con la afición que abarrotaba el lugar desde varias horas antes esperando al momento cumbre de la fiesta: los parlamentos desde el balcón del Ayuntamiento. Algunos futbolistas, como Lupidio, volvieron a soltar lágrimas, como ya sucediera el sábado en Jerez.
Cuando las puertas del balcón se abrió, el nivel de decibelios aumentó exponencialmente. “Visca el Nàstic y visca Tarragona”, cantaron todos los miembros de la comitiva liderados por el presidente Josep Maria Andreu, más eufórico que nadie. Había llegado el momento más emocionante y el maestro de ceremonia no pudo ser más indicado. El propio alcalde de Tarragona, Joan Miquel Nadal fue el encargado de ir dando paso a los diferentes miembros de la comitiva. Empezó el capitán Serrano, siguió el míster Luis César y el presidente Andreu para después hablar uno por uno todos los miembros de la plantilla. Un piromusical puso fin a una fiesta de ‘Primera’.
Tarragona vivió ayer la fiesta del ascenso. La ciudad quiso celebrar a lo grande que el año que viene vivirá el mejor fútbol de España, el fútbol de la Primera División, y lo hizo con sus ídolos, los jugadores, técnicos y directivos de un Nàstic que se soltaron al máximo para disfrutar de una jornada soñada desde hace muchos meses. La espera valió la pena porque fue una de las fiestas más sonadas que se recuerdan en las calles de la ciudad imperial.
La fiesta había empezado en Jerez de la Frontera justo después de que Arcas Piqueres señalara el final del partido ante el Xerez. Los jugadores se volvieron locos de alegría y la celebración duró hasta altas horas de la madrugada... o tempranas horas del día según se mire. Pero sólo era un aperitivo. Lo grande esperaba en Tarragona, donde los jugadores granas vivieron un baño de masas que nada tiene que envidiar al que hace varias semanas disfrutaron los héroes del Barcelona que lograron la Champions.
De hecho, no hizo ni siquiera falta llegar a Tarragona para empezar a vivir. La expedición grana comenzó a vivir las primeras sensaciones nada más aterrizar en el aeropuerto barcelonés de El Prat. Allí, ya les esperaban más de un centenar de aficionados, que les recibieron como auténticos héroes. Este grupo de incondicionales no quiso esperar a la rúa de la tarde para felicitar a la plantilla grana y no les importó tener que esperar una hora hasta que los jugadores salieron a la zona abierta de la terminal. Entonces, vítores, cánticos y ánimos acompañaron a los expedicionarios hacia el autocar que les tenía que llevar de regreso.
Pero lo grande se vivió por la tarde. Tarragona se echó a la calle. Entre 30.000 y 35.000 seguidores invadieron las principales arterias de la ciudad, incluyendo la Plaça de la Font, sede del Ayuntamiento, donde finalizaba la rúa que la plantilla grana, montada en un autocar descubierto realizó el trayecto que comenzó en la Plaça Imperial Tarraco, bajó por la Rambla Nova en dirección al Balcó del Mediterrani, pasando después por la estatua dels Despullats, Adrià, Sant Agustí y Portalet. A lo largo de todas estas calles, miles y miles de seguidores granas abarrotaban las aceras gritando, cantando, animando con banderas, bengalas, bufandas y cualquier objeto susceptible de hacer ruido y coreaban uno por uno los nombres de una plantilla que ya ha pasado, por méritos propios, a la historia del Nàstic.
Tras cerca de dos horas de paseo, los futbolistas, técnicos y directivos granas bajaron del vehículo y se dirigieron en un lento trayecto –los aficionados impedían avanzar más rápido y, todo hay que decirlo, los propios jugadores tampoco mostraban demasiado interés por acelerar el paso– hacia la sede del consistorio tarraconés.
A la llegada a la Plaça de la Font, la victoriosa expedición fue recibida con las notas del ‘We are the champions’ de Queen, y los héroes granas se unieron en comunión con la afición que abarrotaba el lugar desde varias horas antes esperando al momento cumbre de la fiesta: los parlamentos desde el balcón del Ayuntamiento. Algunos futbolistas, como Lupidio, volvieron a soltar lágrimas, como ya sucediera el sábado en Jerez.
Cuando las puertas del balcón se abrió, el nivel de decibelios aumentó exponencialmente. “Visca el Nàstic y visca Tarragona”, cantaron todos los miembros de la comitiva liderados por el presidente Josep Maria Andreu, más eufórico que nadie. Había llegado el momento más emocionante y el maestro de ceremonia no pudo ser más indicado. El propio alcalde de Tarragona, Joan Miquel Nadal fue el encargado de ir dando paso a los diferentes miembros de la comitiva. Empezó el capitán Serrano, siguió el míster Luis César y el presidente Andreu para después hablar uno por uno todos los miembros de la plantilla. Un piromusical puso fin a una fiesta de ‘Primera’.