PDA

View Full Version : Para Bipi


ariana
01-30-2004, 10:48 PM
Empezare diciendo que me llamo Raquel, tengo algo menos de treinta años y que, sin ser ninguna belleza, soy bastante atractiva, aunque reconozco que a los hombres siempre los he atraído mas por mi exuberante físico, dotado de unas firmes curvas, algo mas que generosas, que por mi cara. Y hasta hacia muy poco, vivía con mi novio en la ciudad.

Pero una tarde, al volver a casa antes del trabajo, por culpa de una molesta jaqueca, me lo encontré dándose el lote con una de mis mejores amigas en nuestra cama, ambos casi desnudos y la mar de divertidos al parecer.

Ni que decir tiene que desde ese momento me quede sin novio y sin amiga.

Debido a este desagradable incidente decidí adelantar mis vacaciones y marcharme en julio en vez de en agosto, como había previsto, para tratar de olvidar lo cerdos que pueden llegar a ser algunos hombres.

Cuando llame a mi anciana madre para decirle lo que había pensado hacer me comento que mi hermano se había trasladado hacia poco mas de una semana, a la vieja casa que tenia nuestra familia en el pueblo, y que podía pasarme a verle antes de ir al extranjero.

He de confesarles que he sido una ferviente admiradora de mi hermano mayor desde que era una niña. Lucas es el aventurero de la familia y, desde que se marcho de mi casa, ha desempeñado mil y un oficios diferentes. Ha sido bailarín, electricista, músico, fontanero, representante, acróbata, actor, instalador de videos de seguridad, ayudante de veterinario y, la ultima vez que me escribió, me contaba que era ayudante del domador de animales de un pequeño circo.

Como lo cierto es que tenia muchisimas ganas de volver a verlo, no me lo pense dos veces, y me fui al pequeño pueblo en donde habían nacido mis padres, donde estaba la vieja casa del abuelo. Esta se encontraba en las afueras, algo alejada de la población, pero en perfecto estado de uso; pues mis padres, o mis tíos, solían pasar por la localidad alguna que otra vez, a lo largo del año, para mantenerla habitable.

Cuando llegue, sin avisarle, me lo encontré hecho un autentico desastre. Estaba mucho más delgado que la ultima vez que lo había visto, un par de años atras, y presentaba un aspecto general de desaliño y cansancio que me hizo pensar que se encontraba enfermo.

Me preocupo tanto su mal aspecto que casi no repare en el pequeño monito que se escondía entre sus piernas. Este era un chimpancé joven, muy gracioso, que llevaba una serie de raros aparatos atados en la cabeza, los brazos y la cintura.

Lo cierto es que el animalito era muy cariñoso y, en cuanto mi hermano Lucas lo soltó, se me echo encima, loco de alegría, para abrazarme efusivamente, mientras jugaba con mi larga melena morena, de la que siempre me enorgullezco.

Yo no entiendo nada de animales, aunque me gustan mucho, así que pense que su gran pene, si consideramos su pequeño tamaño, era normal. Por lo que procure no fijarme mucho, ni darle mayor importancia de la que tenia, aunque he de confesar que atraía la mirada con su gracioso pendular, golpeando sus muslos a cada paso que daba.

Mientras Lucas me contaba algunos detalles de su azarosa vida pasada, y se preocupaba por la mía actual, Brutus, que así se llamaba el mono, dejo de interesarse por mi pelo y, sentándose en mi regazo, empezó a jugar con mis grandes pechos, toqueteándolos con sus pequeñas manitas. Como mi hermano no le daba la menor importancia y el animal los apretaba con bastante suavidad, decidí tratar de ignorarlo yo también.

Pero cuando al fin se me endurecieron los sensibles pezones, marcándose de un modo llamativo en la ropa y Brutus empezó a lamerlos y morderlos suavemente, a través de la fina tela de la camisa, decidí que había llegado el momento de quitármelo de encima.

Iba a hacerlo cuando Lucas me susurro que me estuviera quieta y que no me moviera, no supe porque me lo decía hasta que me fije en que estaba intentando soltar uno de los grandes botones de la camisa. Me quede tan absorta como mi hermano viendo los esfuerzos que realizaba el hábil animal por soltar el botón.

Parecía que el pobre iba a desistir de lograrlo cuando, al fin, consiguió soltar uno de ellos. Enseguida aprendió como debía hacerlo y, en breves instantes, me había desabrochado otros dos botones más; los justos para poder meter los dos bracitos dentro de mi camisa, y tratar de liberar uno de mis grandes senos de la opresión del sujetador.

Como el que llevaba puesto ese día era de fino encaje cedió enseguida, y el muy glotón, pellizcándome suavemente el grueso pezón, intento metérselo dentro de la boca, entrando de cabeza debajo de mi camisa abierta.

Yo, bastante sofocada, no sabia como reaccionar, pero por suerte fue justo en ese momento cuando Lucas, loco de alegría, me lo quito, por fin, de encima, y se lo llevo a la cocina, para darle un par de plátanos como recompensa.

Cuando se le paso la euforia me contó, bastante abatido, cual era su problema. En primer lugar me llevo a ver a otros dos animales, un precioso pastor alemán llamado Atila, y un enorme orangután al que llamaba Cesar. Estos también tenían esos curiosos chismes atados en la cabeza, y en la barriga, además de en las manos del orangután. Según me enseño Lucas después lo que tenían puesto eran unas pequeñas cámaras que mandaban la imagen a diez pequeños televisores, uno por cámara, que estaban acoplados a un vídeo que podía poner en marcha cuando quería, gracias a un control remoto, y grabar lo que se veía en ellas.

Según me contó todo empezó cuando el domador de monos del circo quiso sacrificar a Brutus, pues los padres se quejaban de que su exuberante miembro no era lo mas apropiado para los niños. Lucas, que le había cogido cariño, ideo lo de las cámaras en la cabeza, y en las manos, para ver si así le sacaba alguna utilidad científica y no lo sacrificaban, pero a nadie parecía interesarle el proyecto. Hasta que un día, en una ciudad alemana, conoció a un promotor de películas porno, que estaba interesado en saber si Brutus podía servirle para alguna película. Estuvieron bebiendo y charlando toda la tarde, hasta que a Lucas se le ocurrió que si podía añadirle una cámara en la cintura conseguiría un rodaje muy original de todo el coito.

Al alemán le pareció una idea magnifica y le dio, aparte del dinero necesario para comprar todos los útiles para el rodaje, a Atila, un perro que había sido entrenado, desde que era un cachorro, para hacer el amor con mujeres; y, por su gran aparato, y su gran habilidad con la lengua, se había convertido en una estrella porno muy conocida. Gracias a las influencias del alemán también pudo sacar a Cesar del viejo zoo en que estaba, ya que también su enorme miembro le había producido algunos problemas al director del mismo.

Mi hermano, con muchisima paciencia, había conseguido que se acostumbraran a llevar las cámaras antes de lo que había previsto; pero, cuando creía haber conseguido lo más difícil, empezaron sus problemas.

Como el presupuesto de que disponía no daba para mucho Lucas se había tenido que apañar con utilizar maniquíes, y algunas muñecas hinchables, para que sus animales practicasen, y así no adelantaba nada.

El perro estaba tan acostumbrado a hacer el amor con mujeres desnudas, y dispuestas, que no se quería molestar ni lo mas mínimo para obtener su recompensa. Lucas recompensaba a todos los animales con comida cada vez que hacían las cosas bien, como hacían en el circo, pero Atila lo mas que se dignaba era a olfatear, y a veces incluso lamer, las bragas, a la espera de que su dueña se las quitase voluntariamente.

Y eso no le interesaba a mi hermano. Pues la idea era que se viera bien a las claras, gracias a las cámaras, como los animales usaban sus habilidades para desnudar y poseer a las actrices de forma natural.

Y no le iba mucho mejor con los simios. Brutus había aprendido rápidamente a bajar sujetadores, bragas y cremalleras para obtener su recompensa, que solía ser una especie de pasta de plátano que Lucas untaba en los rígidos senos de los maniquíes y que al monito le gustaba con locura. Y acabábamos de ver que también podía soltar botones y, quizás, con un poco de practica, hasta aprendería a abrir los broches y corchetes.

Pero el simpático Brutus no quería saber nada de las mujeres en el aspecto sexual, mucho dinero tuvo que tirar mi hermano en prostitutas hasta que se convenció de que el animal no sentía el menor interés en hacer el amor con una hembra humana. Y con Cesar, el orangután, ni siquiera llego a intentarlo, pues ninguna se quiso acercar a él, a pesar de lo tranquilo y pacifico que era el pobre animal; aunque eso sí, mi hermano aun no había conseguido que soltara ninguna prenda sin romperla primero. Yo misma vi como rasgaba la blusa de uno de estos maniquíes, sin hacer ningún esfuerzo, para saborear después, tranquilamente, la pasta de plátano, con una delicadeza que no parecía corresponder, en lo mas mínimo, a su fiero aspecto.

Y a Lucas estaba apunto de acabársele el dinero de que disponía, por eso estaba tan abatido, porque no sabia como iba a poder no solo devolver lo que le habían dado, sino mantener después a los dos simpáticos monos, que ya eran de su exclusiva propiedad.

A mí la verdad es que dinero no me sobra, pero si corazón, así que decidí usar el dinero que iba a emplear en el viaje para ayudar a mi hermano en todo lo que pudiera, a ver si lográbamos salvar su curioso proyecto.

Solo le puse dos condiciones. La primera es que no me dejaría poseer por ningún animal, pues era una experiencia que no me apetecía tener. Y la segunda es que todo lo que se grabara durante las pruebas seria borrado antes de que yo me fuera.

Mi hermano, ilusionado de nuevo, lo acepto todo sin dudar un momento, y me quede la mejor de las habitaciones disponibles, con la esperanza de que Lucas volviera a ser, muy pronto, el alegre compañero que era antes.

Al día siguiente empezamos las practicas con el pequeño Brutus, pues era el que menos miedo me daba, así que me unte un poco de pasta de plátano en los pezones y me puse un top de cuero con cremallera sin sujetador, para ver como abría la cremallera.

El monito se me hecho encima, gozoso, nada mas verme, y después de alborotarme un poco el pelo se lanzo de lleno a jugar con mis pechos. Como el cuero no le permitia acariciarme con comodidad no tardo apenas nada en bajarme la cremallera y llegar hasta mis enormes pechos desnudos.

Yo lo veía todo, al igual que Lucas, a través de las pequeñas cámaras, y me sentí un poco incomoda al ver como las pequeñas luces que llevaban acopladas todas las cámaras permitían ver, con excesiva nitidez, como lamía, y saboreaba, mis gruesos pezones, limpiándolos de la pasta, hasta hacerlos endurecer.

Pero mi hermano solo parecía estar atento a las hábiles maniobras de Brutus, así que llegue a calmarme lo suficiente como para disfrutar con la rápida y áspera lengua que se enroscaba en mis rígidos pitones, cosa que en verdad no me esperaba.

Mi hermano, como me había prometido, nada mas terminar la prueba se dedico a borrar la cinta, bajo mi atenta mirada, para después dedicarse a trastear en sus complicados instrumentos, mientras yo me daba una ducha rápida con agua fría. Pues, para mi sorpresa, el monito me había excitado bastante mas de lo que hubiera creído posible.

Lo que yo no sabia era que, en ese mismo instante, el espabilado de Lucas estaba ultimando los detalles para acoplar su vídeo con otro vídeo que tenia de repuesto, y que escondió dentro de otros aparatos, para que ambos grabaran a la vez. Así, aunque borrara las cintas de vídeo en mi presencia, aun le quedaría otra copia en su poder.

Al final de mi relato sabrán como he llegado a averiguar lo que hizo el muy truhán con todo lo que se grabo en las cámaras a partir de ese momento.

La primera grabación que obtuvo de esa manera fue esa misma tarde, con Atila. El perro, metiéndose bajo la camisa, apenas se digno a darme un par de rudos lengüetazos en mis senos, los justos para limpiármelos de mermelada. Pero cuando Lucas se fue del cuarto para dejarnos solos y le enseñe mi intimidad, desnuda bajo la minifalda, se convirtió en un torbellino. Les puedo asegurar que ningún hombre había conseguido jamas hacerme alcanzar tanto gozo solo con la lengua, pues tuve que morderme la camisa para que mi hermano no oyera mis gritos de placer desde el comedor. Me corrí al menos en tres ocasiones antes de que me diera cuenta de que el animal estaba buscando ya la mejor posición para penetrarme.

Con las piernas temblando me aparte de él como pude. Pues, a pesar del enorme placer que me había proporcionado, no estaba dispuesta a dejarme poseer por un animal. Así que le deje solo en la habitación, aullando de deseo insatisfecho, mientras me marchaba de nuevo a la ducha, para intentar apagar el fuego que había encendido en mi interior.

Creo que el dejar a Atila con las ganas de poseerme fue una buena idea pues, en los días sucesivos, mejoro de forma prodigiosa su habilidad para deshacerse de mis bragas.

Si estas me quedaban flojas se contentaba con introducir la habilidosa lengua por uno de los laterales para alcanzar mi húmedo trofeo, al que ya no me hacia falta untar de pasta para atraer su atención; pero si las bragas me quedaban ajustadas las rasgaba, con un seco tirón, para que nada le impidiera saborear mi jugosa gruta.

Con los pantalones no había manera, pues no sabia por donde atacar. Al final, tras muchos esfuerzos, conseguí que, si le dejaba abierta la bragueta, y me abría lo suficiente de piernas, metiera el húmedo hocico hasta lo mas hondo, rompiéndome las braguitas para saborear mi dulce intimidad. Pero, aunque el placer fuera el mismo, la grabación salía fatal, ya que la cámara no conseguía enfocar correctamente. Lucas apenas insistía en comprobar la calidad de las grabaciones mientras veía el progreso de los animales, pues se hacia cargo del apuro que yo pasaba, y que no disminuía hasta que él borraba las cintas. Pero eso si, él podía ver las copias, a su antojo, cada noche en su cuarto, todas las veces que le daba la gana; contemplando, cómodamente, como disfrutábamos todos.

En poco tiempo me hice una gran amiga de Cesar, pues todo lo que tenia de grande lo tenia de bueno. Me pasaba las horas acomodada en su regazo, dejando que buscara bichos imaginarios por mi larga cabellera, mientras leía algún libro. Solo se interesaba por el resto de mi cuerpo cuando se lo pedíamos; y entonces si que no había quien le parara. El muy bestia, con solo dos zarpazos, me dejaba con los senos al aire, para saborear, con mucha parsimonia, y con mucho cuidado, la pasta de plátano que allí había.

Yo me sentía totalmente indefensa frente al enorme animal, mientras sus grandes manazas se apoderaban de mis globos, rodeándolos casi por completo. No me quedaba tranquila hasta que limpiaba mis senos de la pasta a lengüetazos; ya que entonces, como mis lindos pezones le dejaban indiferente, me dejaba marchar sin problemas.

A decir verdad, estos solo le interesaban al pequeño mono, pues cada vez que lo soltábamos me perseguía por toda la casa, con la esperanza de poder apoderarse de ellos.

En cuanto perfecciono la técnica de soltar botones no tardo en aprender la manera de abrirme cualquier clase de camisa, o vestido, para llegar hasta el sujetador.

Una vez allí solo tardaba unos segundos en dejarme con ambos pezones al aire, para poderlos mordisquear tanto rato como yo le dejara. Ya no hacia falta que me pusiera nada en ellos, pues parecia que su sabor le gustaba mas que la mermelada.

Recuerdo con agrado aquella tarde en la que, aprovechando la ausencia de mi hermano, me tome la libertad de deambular por la casa ataviada tan solo con el pantalon corto del pijama. Y este tan solo para evitar que Atila hiciera de las suyas. Pues bien, Brutus paso toda la velada colgado de mis globos, balanceandose de uno a otro mientras me los lamia ebrio de placer.

Una noche Lucas se olvido encerrarlo en la habitación de los animales, o al menos eso creía yo entonces. Y, a la mañana siguiente, cuando me desperté por la mañana, me lo encontré durmiendo, acomodado entre mis opulentos senos desnudos, aferrado a uno de mis pezones mientras chupaba del otro como si fuera un bebe. Como tengo el sueño bastante pesado no tengo forma de saber cuanto tiempo estuvo jugando con mis pechos, pero mis irritados pezones me hacen suponer que fueron muchas horas de degustación.

Por todo lo narrado se harán una idea aproximada de lo bien que iban las cosas, hasta el día en que vinieron mis tíos a pasar la noche. Ellos iban camino de casa sus suegros y pararon, como de costumbre, en casa de mis abuelos, para que mi tío pudiera descansar antes de seguir el viaje. Como no teníamos teléfono su llegada nos pillo de improviso, y no tuvimos tiempo de alojar a los animales en otro lugar.

Por suerte no sospecharon nada raro, y se dejaron convencer de que las cámaras eran unos sensores médicos, y que el resto de los aparatos eran para poder seguir con un experimento de veterinaria que mi hermano estaba realizando. Como conocen el carácter bohemio de mi hermano no insistieron en el tema y, cuando Lucas les aseguro que no le importaba dormir en el comedor, para que yo pudiera usar su habitación, se quedaron bastante conformes.

Ante la insistencia de mi pequeña prima, pues apenas acaba de cumplir los quince años, Lucas tuvo que dejarle jugar con Brutus; y, aunque ambos nos temíamos que el monito vendría enseguida a aprovecharse de mi, nos quedamos sorprendidos al ver que no se separaba de mi primita; pues, por mas carantoñas que le hiciéramos, solo asomaba su peluda cabecita de debajo del amplio peto de su pantalón de granjera cuando esta lo sacaba a la fuerza. Dado que mi prima es tan escasa de pecho como mi tía no entendía que interés podía encontrar Brutus en ella, hasta que mi hermano me dijo, al oído, que mirara lo que estaban grabando las cámaras. En cuanto lo hice entendí lo que pasaba.

Resulta que mi prima escondía un curioso secreto debajo de su blusa, sus pezones, en relación con sus senos, eran descomunales. Estos eran casi tan gruesos como los míos, y bastante mas largos; parecían dos pequeños dedos meñiques rosados, de los que Brutus parecía haberse enamorado. El animalito solo abandonaba uno para apoderarse del otro, y así estaba todo el rato, chupando y mordisqueando sin descanso, loco de contento.

Con todo, lo mas sorprendente era el perfecto dominio que ejercía mi prima sobre sus expresiones; pues, si no llegamos a ver la grabación, no nos hubiéramos enterado de lo bien que se lo estaban pasando ambos, pues su cara apenas reflejaba los escalofríos de placer que debía sentir mientras Brutus se amamantaba.

Pero la verdad es que tenia una buena maestra, su madre, como pudimos comprobar poco después.

Durante la cena, que realizamos todos juntos sentados alrededor de la gran mesa del comedor, mi tío, amante de los perros, dejo salir a Atila de su encierro, para que pudiera comer las sobras del asado que mi tía, y yo, habíamos preparado.

Cuando vimos que Atila se metía bajo el largo mantel nos temimos lo peor, pues la amplia falda que llevaba mi tía, a diferencia de los pantalones que llevábamos el resto, permitirían al animal hacer de las suyas. No tardo mucho, ya que a los instantes pudimos escuchar el característico ruido que hacia Atila mientras las rasgaba. Su repentina rigidez me hizo suponer que el habilidoso animal había logrado su húmedo objetivo, como de costumbre. Pero ahí quedo todo, pues mi tía siguió cenando como si no hubiera sucedido nada, no delatando por su impávida expresión que pasara algo raro bajo la mesa.

Como el ruido que hacíamos al comer amortiguaba los que se pudieran producir bajo el mantel, aproveche que tenia que ir a la cocina a por unas viandas para acercarme, en una carrerita, al cuarto de mi hermano, y quitarme las dudas que tenia. No me equivocaba en mis suposiciones, pues allí pude ver, en un clarisimo primer plano, como unas bragas destrozadas enmarcaban su rosada cueva, donde la áspera lengua de Atila entraba, una y otra vez, para saborear sus jugosos líquidos mientras la llevaba al borde del orgasmo.

El resto de la cena me lo pase admirando la sangre fría que tenían, madre e hija, para satisfacer sus mas íntimos deseos sin que nadie se percatara. Pero eso no era nada comparado con lo que sucedió luego.

Dado el carácter frívolo de mis familiares, y el apasionamiento de Atila, decidí llevarme al perro a mi habitación, para que pasara la noche conmigo, y evitar que mi ardiente tía pudiera armar algún alboroto.

Antes de acostarme decidí revisar las cámaras de Brutus, que dormiría con mi prima, como era su deseo, y de esta manera fui testigo de los libertinajes de la pequeña. Pues la muy picara se acostó completamente desnuda con el hábil monito. Así, mientras el animal seguía divirtiéndose a costa de sus curiosos pezones puntiagudos, ella podía masturbarse en la soledad de su habitación, metiéndose los deditos en la intimidad.

Eran unas escenas tan eróticas las que se estaban grabando en el vídeo que termine por despojarme de las braguitas, para que Atila calmara mi creciente ansiedad con su larga y áspera lengua, mientras yo me acariciaba mis sensibles pezones. Creo que ambas alcanzamos el violento orgasmo liberador casi a la vez.

Creyendo que ya había acabado todo, apague los televisores, y me dispuse a dormir.

Perdiéndome así el resto de los sucesos de aquella noche, y que hubiera debido saber.

Para no tener mas problemas con Atila, que se había excitado mas de la cuenta durante la velada, decidí dormir con los pantalónes cortos puestos, pues en la reducida habitación no había ningun sitio donde atarlo. La mejor prueba de su excitación estaba en que no dejo de lamerme los pechos, desnudos bajo la sabana, hasta que me quede dormida, de puro agotamiento, mientras él seguía lamiendo mis gruesos pezones; siendo esta la primera vez que lo hacia voluntariamente.

Durante la madrugada soñé que había hecho las paces con mi exnovio, y que ambos nos devorábamos a besos en un parque, para celebrarlo. En ese raro estado de vigilia en el que no distingues la realidad de los sueños me pareció que era Atila el que introducía su afilado hocico dentro de mi ansiosa boca abierta; enredando su larga lengua en la mía, mientras saboreaba mis labios.

Quiero creer que fue solo una pesadilla, pues después soñé que le hacia a mi exnovio una espectacular mamada, como a él tanto le gustaban; y no quiero ni pensar que el raro sabor de boca, con el que me desperté al otro día, se debiera a otra cosa distinta de lo que cene.

Lo que Lucas si pudo ver, y grabar, fue lo que hicieron mi viciosa tía y su no menos viciosa hija, cuando todos dormíamos. Pues mi prima logro por fin que Brutus se interesara por los espesos fluidos que tan abundantemente habían manado de su gruta.

La forma en que lo hizo fue de lo mas natural y logica. En vista de que el monito no prestaba la menor atencion a la humeda abertura que habia desnudado en su honor la jovencita, ni corta ni perezosa se apodero de su grueso cipote. Una vez en su poder se dedico a restregar la sensible punta por su hendidura una y otra vez, hasta que por fin Brutus reacciono. Asi, con un poco de ayuda de su parte, consiguió que el inteligente monito la penetrase por su virginal abertura. Pero no debía ser lo suficientemente estrecha, pues este al poco rato decidió cambiar de agujero, y buscar otro mas pequeño.

Por fortuna la posición de mi prima era la adecuada y localizo su abertura mas estrecha enseguida. Su pasividad y permisividad ante esta inusitada intromisión dejo, bien a las claras, que no le importaba demasiado por donde la hicieran feliz.

Yo no conocía los progresos de Brutus en el aspecto sexual, ni tampoco los de Cesar.

Pues, mi lujuriosa tía, cuando aquella noche entro sigilosamente y medio desnuda en el cuarto de los animales, en busca de Atila, y no lo encontró, decidió probar fortuna con el orangután. Al ver que Cesar permanecía indiferente ante sus encantos, por mas que se insinuara, decidió estimular su grueso miembro con sus ardientes labios gordezuelos, como solía hacer con su apático marido, para podérselo introducir cuando estuviera en plena forma.

Pero le salió el tiro por la culata, pues al orangután le gusto demasiado sentir su húmeda lengua en su enorme cilindro; y, sujetándola firmemente por la cabeza, le impidió levantarse de su entrepierna hasta que hubo eyaculado, en su interior, en tres ocasiones sucesivas, como mínimo. Mi tía se marcho frustrada de la habitación, habiendo enseñado a Cesar bastante mas de lo que debía saber acerca de la felación.

La mañana siguiente fue muy ajetreada, pues ayude a mi despechada tía a ordenar, y limpiar, gran parte de la casa, antes de que, por fin, se fueran. Lucas, que ya había tenido ocasión de ver, y guardar, todo lo que se había grabado la pasada noche, empezó a mirarme de un modo extraño, aunque en ese momento no me diera cuenta.

Después de comer estaba tan cansada que decidí dormir la siesta, y como hacia bastante calor decidí aprovechar la soledad de mi habitación para dormir completamente desnuda.

Mirando hacia atras sospecho que tuvo que ser mi hermano el que ayudo a Brutus a colarse por la ventana entreabierta de mi dormitorio, supongo que para poder grabar aun mejor mi cuerpo desnudo, gracias a la luz del día. Solo que, como supondrán, en su día no caí en ello. Lo único que recuerdo claramente es que tuve un dulce despertar, mientras le murmuraba, en sueños, a mi exnovio, que no entrara por ese agujero, que usase el de siempre. Pero fue el fuerte orgasmo el que me termino de espabilar, y entonces si que me di cuenta de que el que me estaba poseyendo fogosamente por tan incomoda entrada era el osado monito. Este, firmemente aferrado a mis caderas entraba y salia con una rapidez endiablada, perforando mi estrecho conducto a conciencia.

Por suerte para el monito, el placer domino finalmente la ira que me embargaba, y le permití que siguiera penetrándome, hasta que su cálida eyaculación me produjo el tercer orgasmo. Luego ya no tuve valor para pegarle, pues había disfrutado tanto o mas que él.

Desde ese día Brutus siempre buscaba la ocasión de meterse dentro de mis braguitas, para intentar el acoplamiento.

Lucas consiguió hacerse con unas grabaciones de lo mas interesantes. Pues, aunque solo consiguió poseerme en algunas ocasiones, estas fueron memorables.

Una de ellas fue cuando logro introducirse dentro del amplio mono de mecánico que solía utilizar cuando limpiaba la casa. Estaba limpiando los muebles en ese momento, asi que decidi dejar que me lamiera los pechos tranquilamente, pues no me estorbaba y me daba bastante satisfaccion. Hasta el momento en que, deslizandose por mi cintura, me bajo la parte trasera de las braguitas. Fue todo tan rápido que no me dio tiempo a quitármelo antes de sentir su afilado dardo haciendo las veces de supositorio, y después me dio igual, pues el enorme placer que sentía bien valía la molestia.

Otra ocasión fue cuando me sorprendió, bastante excitada por cierto, mientras fregaba los platos en la cocina, sola en la casa. Esta vez, a pesar de saber lo que se proponia, consentí que trepara por mis piernas hasta alcanzar mi trasero, bajandome las braguitas de un tiron hasta medio muslo para que no le estorbaran. Después me tuve que agarrar al fregadero, pues las frenéticas embestidas que efectuaba el monito por mi estrecho conducto, deliciosamente aferrado a mis caderas, me hicieron flaquear las piernas.

Estaba tan enfrascada en mi propio placer que no me di cuenta de que Atila se acercaba a nosotros hasta que lo tuve debajo. Supongo que los espesos fluidos que manaban de mi fuente debian de saberle a gloria, pues se acomodo rapidamente para lamer a fondo mi desprotegida intimidad. Estube tanto rato recibiendo placer por ambos orificios que termine por recostarme sobre el marmol, dado que mis piernas se negaban a sostenerme ni un solo orgasmo mas.

Supongo que guardara como oro en paño aquella ocasión en la que, despues de ducharme, me acomode en el sofa con mi batin entreabierto, para ver la tele. Como Brutus ya me habia poseida en el aseo, antes de la ducha, estaba lo suficientemente desfogado como para saborear mis pezones tranquilamente mientras yo comia palomitas viendo la pelicula. Atila, con la cabeza sepultada entre mis piernas separadas me lamia el conejo metodicamente, degustandolo con laxitud. El motivo de su apatia no era otro que el baño que le habia dado antes de ducharme. Pues, en vista de que su nerviosismo no me permitia lavarlo con facilidad habia optado por cogerlo por su parte mas sensible. Dio el resultado apetecido, pues se quedo rigido al momento. Asi, mientras lo lavaba con una mano, usaba la otra para masturbarlo con habilidad. Cuando acabe mi trabajo manual estaba yo tan excitada como el desfogado, por lo que permiti que entrara Brutus en el aseo para calmar mi ansiedad. Por eso, a pesar de lo erotico de la escena, estabamos todos tan relajados. Tanto que termine por quedarme dormida.

Cuando me desperte estab arropada y en mi cama, aunque desnuda. Por lo que supuse que mi hermano Lucas habia echo de buen samaritano. No se que vio, o que hizo, pero ahora me temo lo peor.

Pero la mejor de todas las grabaciones la realizo mi hermano el día que se llevo a Brutus al veterinario y me pidió que diera de comer a los otros dos animales en su ausencia.

Como habíamos decidió no contar ya con Cesar, en vista de lo nervioso que se había vuelto desde que se marcharon mis familiares, yo llevaba casi una semana sin acercarme demasiado a él. Esa mañana llevaba puesta solo una fina camisa de tirantes y una minifalda, ya que quería aprovechar su ausencia para hacer algunas pruebas con Atila. Pues, aunque ya sabia, por propia experiencia, que estaba listo para el rodaje, quería sentir su lengua por ultima vez.

Mientras el perro devoraba su comida me acerque al orangután, para darle también la suya. Supongo que fue un error. Pues este, en cuanto me tuvo a su alcance, me tumbo sobre su entrepierna y, sujetándome la cabeza, me introdujo el grueso miembro dentro de la boca. Como mi cabeza era muy pequeña para sus dos manazas solo uso una para obligarme a chupar, mientras con la otra aferraba uno de mis enormes senos, para que mi inmovilidad fuera total. Tuve que aplicar toda la habilidad de que disponía para intentar que el animal se corriera cuanto antes, pues no me atrevía a hacer ningún movimiento brusco, para no irritarlo; y por que sabia que, arrodillada como estaba, era muy vulnerable a cualquier ataque por parte de Atila.

El perro, como si me hubiera leído el pensamiento, pronto se desentendió de su comida y, con un simple mordisco, desgarro la débil protección de mis finas braguitas. Aunque el enorme miembro de Cesar casi me asfixiaba intente succionarlo lo mejor posible para que me soltara cuanto antes, pero no hubo forma. Atila, experto en estas lides, pronto se acomodo en mis caderas y me poseyó, gozoso, cuantas veces quiso.

Pues, debido a los continuos e intensos entrenamientos, estaba tan excitado que tuvo que eyacular varias veces en mi interior antes de calmarse. Si he de ser sincera les diré que pronto olvide el asco que sentía, pues el desconocido placer que sentía al estar poseída por dos gruesos miembros a la vez me hizo olvidar a que seres pertenecían.

Al final, como no, alcanzamos múltiples orgasmos los tres, acoplándonos en perfecta armonía, mezclando nuestros sonidos guturales de placer como si formáramos parte de un increíble coro sexual de la selva.

Luego, mientras me duchaba, limpiándome a fondo, me arrepentí de haberme dejado enredar en semejante proyecto. Pero la gran alegría del traidor de mi hermano cuando se llevo, por fin, los animales, y las cintas grabadas a escondidas, me compenso de los remordimientos que pudiera albergar por todo lo sucedido.

De esto hace mas de dos años, y yo habría seguido manteniendo las buenas relaciones con mi hermano, que esta ahora en un país centroafricano, ayudando en un proyecto humanitario, de no haber sido por los dudosos gustos sexuales de mi jefe.

Yo no sabia nada de su vida privada hasta que el otro día, a su regreso de unas gestiones en Alemania, me llamo para proyectarme un vídeo pornografico en su oficina. La voz no era la misma, y aparecía siempre con una banda en negro sobre los ojos; pero, ni él, ni yo, dudamos por un solo instante acerca de la identidad de la protagonista.

El traidor de Lucas había consentido en que empalmaran las mejores escenas de sus grabaciones hasta obtener una película porno de zoofilia de primera a mi costa.

Mi jefe, como no, a cambio de su silencio me a convertido en su amante. Y lo peor de todo es que disfruta mas viendo como me poseen la media docena de perros de caza que tiene en su chalet que haciéndolo él mismo. Casi todos los fines de semana me obliga a acompañarle hasta allí, para someterme a toda clase de perversiones. Y así me veo ahora, como esclava sexual de un depravado por intentar ayudar a un ingrato.