ariana
01-09-2004, 11:25 PM
Como una tarde más, Cristina salía de su piso de estudiantes para dirigirse a la Facultad de Derecho. Ella era de un pueblecito, y ya era el cuarto año que llevaba en Valladolid para sacarse la carrera. Hasta ahora no había tenido problemas, pero este año la estaba costando más, entre otras cosas porque tenía mayor número de asignaturas , influyendo tambien que debido a unas restructuraciones para que pudieran entrar parientes de la gente situada en la facultad( algo muy habitual aquí en Derecho) a dar clases, había provocado que ejercieran la docencia en el grupo de tarde los profesores de más bajo rango académico de toda la facultad. Pero Cristina no pensaba mucho en estas cosas, ella siempre habá confiado en sí misma y no dudaba de que pudiera superar este curso con éxito. Inmersa en su mundo interior, atravesaba la plaza que llevaba a la parte nueva de la facultad, cuando se percató de que unos metros en paralelo a ella caminaba en su misma dirección una compañera suya, Marta. Marta tampoco era de Valladolid, sino de una ciudad cercana, pero este año se había instalado para así poder aprovechar mejor el tiempo. Al igual que Cristina era buena estudiante y nunca había tenido problemas con las asignaturas. Al verla Cristina no pudo evitar clavar en ella su mirada, era una chica preciosa, estatura media, delgadita, con un cuerpo proporcionado. Su melena rubia estaba recogida en una cinta azul, y sus ojos marrón clarito, pómulos marcados y su nariz chata eran motivos suficientes para que los chicos no la perdieran de vista. Físicamente Cristina no tenía que envidiarla, ella era alta, no tan delgada como Marta, con unas poderosas curvas, pelo castaño cobrizo tambien largo y recogido en cinta, ojos café y facciones angulosas, la verdad es que ambas eran sin duda las más atractivas del grupo de tarde, aparte que no tenían nada que ver con las típicas pijitas de Derecho que van a clase como a una primera comunión, ellas iban siempre vestidas de forma informal, y su belleza era natural, no necesitaban ir maquilladas. A todo esto Cristina no dejaba de mirarla , había una poderosa fuerza en su interior que la obligaba a ello, algo que no la había pasado nunca con los chicos de clase, una fuerza capaz de hacer mella en Cristina hasta hacerla enloquecer..................era deseo. A pesar de estar las dos en cuarto, en la misma clase llevaban dos, debido a unos ajustes en los horarios, y tampoco se puede decir que ambas tuvieran una buena relación, pero tampoco era mala, habría que decir que era nula. Cada una ya tenía su grupo de amigos, y no se relacionaban con gente de otros grupos salvo para cosas de caracter puntual, la verdad es que la gente en Valladolid era muy cerrada. A todo esto Cristina no dejaba de mirarla, mientras pensaba que era una pena no tener una relación más estrecha con esta chica tan espectacular, en esto que Marta giró su cabeza, haciendo que sus ojos se clavaran en los de Cristina. Cristina no apartó su mirada, fueron unos segundos en los que el corazón de Cristina llegó a latir el tripe de lo normal, en los que había llegado a tal concentración en un punto( los ojos de su compañera) que casi se le cae al suelo la carpeta que llevaba contra sus pechos.
Hola- rompió el impass Marta con una sonrisa que dejó al descubierto su perfecta dentadura.
Hola- respondió Cristina.
Después de este frío saludo Marta aceleró el paso, ya casi a punto de acceder a la Facultad, lo que la puso por delante de Cristina, que en ese momento no pudo más que fijarse en su rubia coleta que la llegaba hasta la mitad de la espalda, pero sobre todo en su tremendo culo, acentuado por unos estrechísimos pantalones granates que delimitaba claramente la separación entre esas dos poderosas nalgas, estaba claro que llevaba tanga, pensó Cristina mientras tambien pensaba que ningún hombre tenía derecho a poseer algo tan perfecto, en realidad ese no era su único pensamiento pues Cristina cayó en la cuenta de un grado bastante notable de nerviosismo en el saludo de la chica de Palencia, algo que la excitó más de lo podría haberse imaginado. Era increible el revuelo que tenía Cristina en su cabeza, ella que pensaba que su sexualidad estaba claramente definida, había tenido varios novios en su pueblo, pero con ninguno llegó a nada, y ahora entraba en escena esta semidiosa rubia que la hacía replantearse su condición, pero la verdad es que eso a Cristina se la traía floja, ella sólo pensaba en hacer suya a Marta.
Ya en el aula cada una ocupó su mesa, separadas la una de la otra, cada una con su grupo respectivo. La primera clase era la de Derecho Procesal, una asignatura plomiza con una profesora nefasta, que a Cristina se la hizo eterna, estaba absorta en el mundo de las ideas, tanto que cogió poquísimos apuntes y sus compañeros de mesa tuvieron que sacarla de las ensoñaciones en más de una ocasión. Estaban sorprendidos de como esta chica tan responsable estuviese en clase en esa actitud. Esta clase y la siguiente pasaron sin pena ni gloria. En el intermedio Cristina aprovecho para ir a los lavabos de la parte baja de la facultad, menos frecuentados que los de arriba, quería estar un rato tranquila y no tenía ganas de que la vieran hacer más el ridiculo por hoy. Una vez dentro apoyo las manos contra el lavabo, llorando sin parar, quedando su cara frente al espejo,"tonta, qué te pasa hoy", decía para sí misma, a pesar de conocer la respuesta tan simple como que no podía olvidarse del nerviosismo en Marta al cruzarse en la plaza,"y si......". En ese momento alguien penetro en el vacío cuarto de baño, y a Cristina casi le dió un vuelco el corazón al ver de quien se trataba ¡¡Marta!!, justamente ahora, Marta. El cruce de miradas fue inevitable, Cristina no sabía que hacer, qué decir....."Qué te pasa,¿Estás llorando?", dijo Marta. Cristina trató de articular palabras como buenamente pudo:
-No es nada, déjalo.
-Si lloras es por algo- Dijo Marta, la ternura en su voz tranquilizó a Cristina- cuéntamelo, quizá hablar conmigo te tranquilice.
- Es por...- lanzó Cristina repentinamente, viendo una oportunidad digna de un órdago como el que iba a realizar- no estoy segura de poder gustar a una persona que me atrae mucho.
- ¿Estás de broma?, no sabes lo que dices, eres preciosa, seguro que eres la más guapa de la clase- Marta se aceleró al decir esto, algo que no pasó inadvertido para Cristina.
- En todo, caso sería la segunda- dijo Cristina pícaramente. Ya no lloraba- tengo delante mío a una excelente candidata para el primer puesto.
-Gra..gracias- dijo Marta colorada- me alegro de que ya tengas humor para hacer bromas.
- No bromeo, no veo en tí nada imperfecto, eres una belleza, todo tu cuerpo es magnífico- Cristina recalcó la palabra "magnífico"-estarás orgullosa.
-Pues la verdad....-Marta veía ya por donde iban los tiros- yo tengo el mismo problema que tú, así que no puedo estar orgullosa, querría conocer más a fondo a alguien con quien estoy hablando hoy por primera vez después de verla todos los días durante dos años- Puso a diez centimetros sus pechos de los pechos de Cristina, bastante más grandes que los de Marta-Deseo a esa persona.
Deseo,deseo, deseo, Cristina no se equivocaba antes, y ahora o Marta se estaba quedando con ella, o iba a conseguir su propósito y tener con la rubia de oro de la clase una experiencia inolvidable. Iba a lanzarse, esperando que Dios estuviera para recogerla si caía en picado.
-Pues aquí la tienes- Exclamó Cristina casi jadeando, al tiempo que rompía las distancias con Marta y se fundía con ella en un apasionado beso.El resultado fue mucho mejor del esperado, ya que Marta no sólo no la rechazó, sino que impulsó su lengua al encuentro de la suya, al tiempo que plantaba sus manos en el imponente culo de Cristina, apretando suavemente. Era evidente que ambas estaban a mil, y Cristina no sabía donde poner sus manos, deseaba cubrir toda la anatomía deliciosa de su compañera, pero decidió de momento apretarla con fuerza contra su pecho, como queriendo prolongar esta unión permanentemente, a todo esto Marta no separaba las manos del culo de Cristina, mientras cada una sentía los pechos de la otra por debajo de la ropa, mientras el morreo continuaba, con ambas lenguas recorriendo todos los recovecos de las bocas de las chicas. Cristina enpezó a pasar su lengua por las encías de Marta, produciendola un intenso cosquilleo que la llevó a sentar a Cristina contra el lavabo, poniendo su pierna derecha sobre su hombro, en una postura en la cual sus braguetas estaban unidas. Cristina sintió un placer inmenso al sentir por debajo de los pantalones su coño tan cerca del de Marta, y no pudo evitar mojar sus braguitas. Marta, con un ajustado jersey de cuello alto a juego con el pantalón empezó a sudar, y su sudor mezclado con el perfume provocó un irresistible olor a hembra, que excitó aun más a Cristina, que seguía abrazada a su amiga en un morreo interminable. A punto estaba Marta de despojarse del jersey cuando oyeron pasos, de otras chicas que se diriguían al lavabo, y como atraidas por la fuerza de la gravedad se separaron repentinamente. Al entrar las otras chicas se las encontraron sudorosas y jadeando, pero evitaron todo comentario, y Marta y Cristina salieron apresuradas, y riéndose.
-Casi nos pillan, eh?- dijo Marta
-Seguro que esas pedorras están deseando hacer lo mismo, pero está claro que necesitamos un lugar con más intimidad.
-Por supuesto, depués de lo cachonda que me has puesto no pensarás dejarme así, no?.
- Claro que no, no sabes lo que he esperado esto, vamos a mi piso, que ahora estará vacio, allí te vas a enterar.
-Buena idea, nos corremos las clases y de paso nos corremos nosotras tambien- sentenció Marta picaramente y las dos empezaron a reirse.
Como una exhalación y cada una por su cuenta para no levantar sospechas subieron a clase, a punto ya de llegar el profesor de Derecho Financiero, cogieron sus cosas y salieron disparadas, y una vez fuera de la facultad ambas se cogieron de la mano y caminaron hacia casa de Cristina para disfrutar de una sesión de sexo. Por el camino, y apretando con fuerza de la mano, Marta confesó a Cristina, que llevaba un tiempo ya colgada de ella, porque con lo feas que eran todas en esa clase le sorprendió encontrar a una chica que pudiera competir en atractivo con ella, pero de la curiosidad por su belleza pasó al deseo por tenerla, siempre que Cristina no se daba cuenta Marta la observaba, y fantaseaba con ella. Hoy cuando se encontraron en la plaza Marta notó por primera vez la manera en la que Cristina la miraba...¡Era de la misma forma en que ella lo hacía!, y así se dió cuenta que hoy era el día en que tenía que intentarlo, era ahora o nunca. Cristina se sorprendió por la confesión, resulta que ambas sentían lo mismo, y no pudo evitar reconocer lo tontas que ambas habían sido, pero eso ya era el pasado, hoy se tenían la una a la otra e iban a realizar todas sus fantasías. Finalmente llegaron a casa de Cristina, tal y como ella dijo no había nadie, sus compañeras de piso estaban fuera, compañeras que a pesar de haberlas visto desnudas mil veces y de haber dormido juntas nunca había sentido por ellas lo que sentía por Marta, lo que hizo comprender a Cristina lo importante que su compañera de clase era para ella. Todavía de la mano llegaron hasta la habitación de Cristina. Allí continuaron dándose el lote, ahora nadie las interrumpiría y podían entregarse completamente la una a la otra, separando sus lenguas el menor tiempo posible, se desnudaron la una a la otra con tremendo ímpetu y pasión, quedando en ropa interior. Tal y como pensaba Cristina, Marta llevaba un tanga negro que tapaba lo justo, y un sujetador de encaje precioso tambien negro. La ropa interior de Cristina era blanca, no tan vistosa como la de Marta, pero Cristina con ella estaba imponente. Marta quería llegar todavía más lejos e interrumpió el beso para despojar a Cristina de su ropa interior para luego hacer lo propio con la suya. Cristina estaba asustada de lo lanzada que era su amiga, esto iba a ser mejor de lo que ella imaginaba. Por un rato quedaron mirándose la una a la otra, sus cuerpos perfectos vibraban al unísono, mientras que Marta se quedaba prendada de las tetas de Cristina.
-Cris, tienes unas tetas de miedo- las tetas de Cristina eran bastante más grandes que las de Marta , pero esa no era la única diferencia, mientras los pezones de Marta eran pequeñitos y rosados los de Cristina eran oscuros y grandes- lo que voy a disfrutar con ellas- decía Marta mientras ponía su cara enfrente de una de las gloriosas tetas de su amante. Lo primero que hizo es echar su calido aliento sobre el pezón, lo que provocó que Cristina se estremeciera de placer. a continuación lamió y lamió, mientras una de sus manos bajaba por el firme y plano abdomen de Cristina, dirigiendose irremisiblemente hacia sus bajos, al tiempo que con la que tenía libre manoseaba el otro pezón con la habilidad de una experta escultora, atrapando el pezón entre sus dedos mientras el otro lo inundaba con su saliva. Cristina estaba sorprendida de que con la de tiempo que había estado esperando para poseerla, fuera Marta la que estuviera llevando toda la iniciativa, pero teniendo en cuenta lo que estaba disfrutando no iba a quejarse, ya la tocaría a ella meterle mano a su amiga más tarde, además, el que fuera tan experta manipuladora de tetas hizo preguntarse a Cristina si de verdad era esta la primera experiencia lésbica de Marta. A esto que la mano de Marta llegó finalmente al coño de Cristina, ya totalmente húmedo. Aquí tambien eran ambas totalmente diferentes, ya que mientras el pubis de Marta era rubio oscuro y ligeramente recortado, el de Cristina era una gran mata oscura, que hizo gozar a Marta cuando ensortijaba sus dedos entre los rizos, provocando leves tirones que estremecían a Cristina. Cuando Marta introdujo dos dedos y empezó a meterlos y sacarlos con una habilidad tremendamente metódica, Cristina, que hasta ahora apretaba con ambas manos la cabeza de su amiga mientras jugaba con sus cabellos, ya no pudo más, y se revolvió como una desesperada colocando a Marta y a ella misma en la tan esperada posición del sesenta y nueve, pero antes de esto, Marta con su tremenda habilidad ya había conseguido que Cris se corriera, mojando las sabanas, al tiempo que gemía de manera escandalosa. Una vez en la susodicha posición, ambas empezaron a lamer y lamer, Cristina encima y Marta abajo, con lo que tenía una expléndida perspectiva del superculo de la chica del pelo castaño cobrizo. La lengua de Cristina recorría con gula las paredes del coño de Marta, delicioso, ardiente, mientras con una mano manipulaba el clítoris, lo pellizcaba retorcía, provocando en Marta un orgasmo instantaneo que hizo sentir en su amante al morderla repentinamente uno de sus húmedecidos labios vaginales, en esta posición consiguieron orgasmos de una magnitud que se salía de la escala de Ritcher, increibles, que las hacían gozar y gozar. Marta estaba ansiosa, tenía un antojo por el culo de Cristina, con lo que rompió el 69, deslizandose por el cuerpo perfecto de su amante, plantando su cara contra su culo, y empezando a lamer su ano, limpio, con un ligero sabor salado, impregnado de aroma salvaje a hembra, mientras con las manos azotaba y pellizcaba las duras y redondas nalgas de su amiga, que a cuatro patas no podía más que gozar y gozar de esta ardiente Afrodita que fustigaba su trasero. una vez dejado el ano totalmente húmedo, Marta deslizó nuevamente su cuerpo, pero esta vez sobre la sinuosa espalda de su amiga-continúa a cuatro patas, cariño, ahora verás- decía Marta mientras recorría la columna de su amante con la lengua hasta llegar a su nuca, que besó tras apartar a un lado sus castaños cabellos. Pero no por eso le había perdonado el culo, ya que mientras besaba su cuello, introdujo en el ano de Cristina el dedo índice de su mano derecha,con el que escarvava minuciosamente. Tanto disfrutaba Marta con esto que volvió a correrse, al tiempo que con este juego anal provocaba una nueva corrida de Cristina. Siguío con esto mientras con la mano izquierda mantenía levantada la cabeza de Cristina, mientras su boca actuaba como una ventosa húmeda en el cuello de la curvilinea Cristina. Se encontraban en una posición similar a la que adopta un leopardo, una felina salvaje en este caso, para inmovilizar a una gacela. Marta seguía lamiendo, mordisqueando y succionando el cuello de su apetitosa presa. Cristina no sabía que diría mañana en clase cuando la preguntaran quien había podido hacerle tal cantidad de chupetones, pero no la importaba, así se enterarían de que ya tenía dueña, una dueña que manipulaba su cuerpo con una maestría tal que Cristina volvió a mojar las sábanas.-Ahhhh, zorra, lo tuyo no es normal-exclamó mientras se revolvía, ahora iba a darla lo suyo. Colocó a Marta boca arriba, mientras cruzaba sus bien torneadas piernas con las de la diosa rubia, deleitándose en el proceso por el contacto con sus muslos. Quedaron sus coños ensamblados, tan calientes, tan humedos,..... qué gusto para ambas. Cristina tiró con fuerzo de la pierna izquierda de Marta, usando su hombro como punto de apoyo.Áhhhhhhyhhhh, Crisss, más fuerte- gemía Marta, mientras realizaba movimientos acompasados para facilitar el acceso, la verdad es que sentir los labios de una contra la otra era algo increible, qué forma de gozar, Cristina miraba a Marta, que gemía y chillaba, mientras con una mano agarraba una de sus tetas, redondas, duras, de tamaño perfecto, con las que no había podido recrearse hasta ahora debido a lo activa que resultó ser Marta. Simultaneamente, ambas se corrieron, fue increible, y para no malgastar el preciado nectar, volvieron a la posición del 69 para seguir chupando como gatas en celo, chupando cada una sus propios flujos del coño de la otra. Después del tremendo polvo, se abrazaron la una contra la otra, y rendidas por el esfuerzo, se durmieron. Al despertar a la mañana siguiente( la verdad es que durmieron mucho), se besaron y tocaron con desesperación, como temiendo que este sería su último encuentro.
- Esto no va a acabar aquí, eres la mejor amante que he tenido, y eres tan dulce, me vuelves loca- tranquilizó Marta a Cristina.
-Eso espero, llevaba mucho esperándote, no te vas a escapar ahora....- sentenció Cristina a Marta, mientras se daban un morreo de despedida y Marta abandonaba la casa, ante el asombro de las compañeras de piso de Cristina, que se sorprendieron al ver a esa tía tan buena a la que nunca habían visto y que había pasado toda la noche en la habitación de Cristina.
-¿Quién era esa?- expetó una de ellas.- Qué habeis estado haciendo toda la noche?.
- Una compañera de clase- sonrió Cristina sensualmente- teníamos que hacer un trabajo que llevaba pendiente desde hace mucho.
Por la tarde Cristina regresó a clase, donde volvió a ver a Marta, y aunque ambas no cruzaron palabra, como de constumbre, sus miradas lo decían todo, y en un intermedio, volvieron al servicio donde ambas se descubrieron y acabaron lo que allí dejaron pendiente, lógicamente, no llegaron a tiempo a la siguiente clase. Así, a escondidas, estas dos poderosas( sexualmente hablando ) mujeres continuaron con sus apasionados encuentros dentro y fuera de ese lugar donde tanto tiempo de sus ardientes vidas transcurría: La Facultad de Derecho.
Hola- rompió el impass Marta con una sonrisa que dejó al descubierto su perfecta dentadura.
Hola- respondió Cristina.
Después de este frío saludo Marta aceleró el paso, ya casi a punto de acceder a la Facultad, lo que la puso por delante de Cristina, que en ese momento no pudo más que fijarse en su rubia coleta que la llegaba hasta la mitad de la espalda, pero sobre todo en su tremendo culo, acentuado por unos estrechísimos pantalones granates que delimitaba claramente la separación entre esas dos poderosas nalgas, estaba claro que llevaba tanga, pensó Cristina mientras tambien pensaba que ningún hombre tenía derecho a poseer algo tan perfecto, en realidad ese no era su único pensamiento pues Cristina cayó en la cuenta de un grado bastante notable de nerviosismo en el saludo de la chica de Palencia, algo que la excitó más de lo podría haberse imaginado. Era increible el revuelo que tenía Cristina en su cabeza, ella que pensaba que su sexualidad estaba claramente definida, había tenido varios novios en su pueblo, pero con ninguno llegó a nada, y ahora entraba en escena esta semidiosa rubia que la hacía replantearse su condición, pero la verdad es que eso a Cristina se la traía floja, ella sólo pensaba en hacer suya a Marta.
Ya en el aula cada una ocupó su mesa, separadas la una de la otra, cada una con su grupo respectivo. La primera clase era la de Derecho Procesal, una asignatura plomiza con una profesora nefasta, que a Cristina se la hizo eterna, estaba absorta en el mundo de las ideas, tanto que cogió poquísimos apuntes y sus compañeros de mesa tuvieron que sacarla de las ensoñaciones en más de una ocasión. Estaban sorprendidos de como esta chica tan responsable estuviese en clase en esa actitud. Esta clase y la siguiente pasaron sin pena ni gloria. En el intermedio Cristina aprovecho para ir a los lavabos de la parte baja de la facultad, menos frecuentados que los de arriba, quería estar un rato tranquila y no tenía ganas de que la vieran hacer más el ridiculo por hoy. Una vez dentro apoyo las manos contra el lavabo, llorando sin parar, quedando su cara frente al espejo,"tonta, qué te pasa hoy", decía para sí misma, a pesar de conocer la respuesta tan simple como que no podía olvidarse del nerviosismo en Marta al cruzarse en la plaza,"y si......". En ese momento alguien penetro en el vacío cuarto de baño, y a Cristina casi le dió un vuelco el corazón al ver de quien se trataba ¡¡Marta!!, justamente ahora, Marta. El cruce de miradas fue inevitable, Cristina no sabía que hacer, qué decir....."Qué te pasa,¿Estás llorando?", dijo Marta. Cristina trató de articular palabras como buenamente pudo:
-No es nada, déjalo.
-Si lloras es por algo- Dijo Marta, la ternura en su voz tranquilizó a Cristina- cuéntamelo, quizá hablar conmigo te tranquilice.
- Es por...- lanzó Cristina repentinamente, viendo una oportunidad digna de un órdago como el que iba a realizar- no estoy segura de poder gustar a una persona que me atrae mucho.
- ¿Estás de broma?, no sabes lo que dices, eres preciosa, seguro que eres la más guapa de la clase- Marta se aceleró al decir esto, algo que no pasó inadvertido para Cristina.
- En todo, caso sería la segunda- dijo Cristina pícaramente. Ya no lloraba- tengo delante mío a una excelente candidata para el primer puesto.
-Gra..gracias- dijo Marta colorada- me alegro de que ya tengas humor para hacer bromas.
- No bromeo, no veo en tí nada imperfecto, eres una belleza, todo tu cuerpo es magnífico- Cristina recalcó la palabra "magnífico"-estarás orgullosa.
-Pues la verdad....-Marta veía ya por donde iban los tiros- yo tengo el mismo problema que tú, así que no puedo estar orgullosa, querría conocer más a fondo a alguien con quien estoy hablando hoy por primera vez después de verla todos los días durante dos años- Puso a diez centimetros sus pechos de los pechos de Cristina, bastante más grandes que los de Marta-Deseo a esa persona.
Deseo,deseo, deseo, Cristina no se equivocaba antes, y ahora o Marta se estaba quedando con ella, o iba a conseguir su propósito y tener con la rubia de oro de la clase una experiencia inolvidable. Iba a lanzarse, esperando que Dios estuviera para recogerla si caía en picado.
-Pues aquí la tienes- Exclamó Cristina casi jadeando, al tiempo que rompía las distancias con Marta y se fundía con ella en un apasionado beso.El resultado fue mucho mejor del esperado, ya que Marta no sólo no la rechazó, sino que impulsó su lengua al encuentro de la suya, al tiempo que plantaba sus manos en el imponente culo de Cristina, apretando suavemente. Era evidente que ambas estaban a mil, y Cristina no sabía donde poner sus manos, deseaba cubrir toda la anatomía deliciosa de su compañera, pero decidió de momento apretarla con fuerza contra su pecho, como queriendo prolongar esta unión permanentemente, a todo esto Marta no separaba las manos del culo de Cristina, mientras cada una sentía los pechos de la otra por debajo de la ropa, mientras el morreo continuaba, con ambas lenguas recorriendo todos los recovecos de las bocas de las chicas. Cristina enpezó a pasar su lengua por las encías de Marta, produciendola un intenso cosquilleo que la llevó a sentar a Cristina contra el lavabo, poniendo su pierna derecha sobre su hombro, en una postura en la cual sus braguetas estaban unidas. Cristina sintió un placer inmenso al sentir por debajo de los pantalones su coño tan cerca del de Marta, y no pudo evitar mojar sus braguitas. Marta, con un ajustado jersey de cuello alto a juego con el pantalón empezó a sudar, y su sudor mezclado con el perfume provocó un irresistible olor a hembra, que excitó aun más a Cristina, que seguía abrazada a su amiga en un morreo interminable. A punto estaba Marta de despojarse del jersey cuando oyeron pasos, de otras chicas que se diriguían al lavabo, y como atraidas por la fuerza de la gravedad se separaron repentinamente. Al entrar las otras chicas se las encontraron sudorosas y jadeando, pero evitaron todo comentario, y Marta y Cristina salieron apresuradas, y riéndose.
-Casi nos pillan, eh?- dijo Marta
-Seguro que esas pedorras están deseando hacer lo mismo, pero está claro que necesitamos un lugar con más intimidad.
-Por supuesto, depués de lo cachonda que me has puesto no pensarás dejarme así, no?.
- Claro que no, no sabes lo que he esperado esto, vamos a mi piso, que ahora estará vacio, allí te vas a enterar.
-Buena idea, nos corremos las clases y de paso nos corremos nosotras tambien- sentenció Marta picaramente y las dos empezaron a reirse.
Como una exhalación y cada una por su cuenta para no levantar sospechas subieron a clase, a punto ya de llegar el profesor de Derecho Financiero, cogieron sus cosas y salieron disparadas, y una vez fuera de la facultad ambas se cogieron de la mano y caminaron hacia casa de Cristina para disfrutar de una sesión de sexo. Por el camino, y apretando con fuerza de la mano, Marta confesó a Cristina, que llevaba un tiempo ya colgada de ella, porque con lo feas que eran todas en esa clase le sorprendió encontrar a una chica que pudiera competir en atractivo con ella, pero de la curiosidad por su belleza pasó al deseo por tenerla, siempre que Cristina no se daba cuenta Marta la observaba, y fantaseaba con ella. Hoy cuando se encontraron en la plaza Marta notó por primera vez la manera en la que Cristina la miraba...¡Era de la misma forma en que ella lo hacía!, y así se dió cuenta que hoy era el día en que tenía que intentarlo, era ahora o nunca. Cristina se sorprendió por la confesión, resulta que ambas sentían lo mismo, y no pudo evitar reconocer lo tontas que ambas habían sido, pero eso ya era el pasado, hoy se tenían la una a la otra e iban a realizar todas sus fantasías. Finalmente llegaron a casa de Cristina, tal y como ella dijo no había nadie, sus compañeras de piso estaban fuera, compañeras que a pesar de haberlas visto desnudas mil veces y de haber dormido juntas nunca había sentido por ellas lo que sentía por Marta, lo que hizo comprender a Cristina lo importante que su compañera de clase era para ella. Todavía de la mano llegaron hasta la habitación de Cristina. Allí continuaron dándose el lote, ahora nadie las interrumpiría y podían entregarse completamente la una a la otra, separando sus lenguas el menor tiempo posible, se desnudaron la una a la otra con tremendo ímpetu y pasión, quedando en ropa interior. Tal y como pensaba Cristina, Marta llevaba un tanga negro que tapaba lo justo, y un sujetador de encaje precioso tambien negro. La ropa interior de Cristina era blanca, no tan vistosa como la de Marta, pero Cristina con ella estaba imponente. Marta quería llegar todavía más lejos e interrumpió el beso para despojar a Cristina de su ropa interior para luego hacer lo propio con la suya. Cristina estaba asustada de lo lanzada que era su amiga, esto iba a ser mejor de lo que ella imaginaba. Por un rato quedaron mirándose la una a la otra, sus cuerpos perfectos vibraban al unísono, mientras que Marta se quedaba prendada de las tetas de Cristina.
-Cris, tienes unas tetas de miedo- las tetas de Cristina eran bastante más grandes que las de Marta , pero esa no era la única diferencia, mientras los pezones de Marta eran pequeñitos y rosados los de Cristina eran oscuros y grandes- lo que voy a disfrutar con ellas- decía Marta mientras ponía su cara enfrente de una de las gloriosas tetas de su amante. Lo primero que hizo es echar su calido aliento sobre el pezón, lo que provocó que Cristina se estremeciera de placer. a continuación lamió y lamió, mientras una de sus manos bajaba por el firme y plano abdomen de Cristina, dirigiendose irremisiblemente hacia sus bajos, al tiempo que con la que tenía libre manoseaba el otro pezón con la habilidad de una experta escultora, atrapando el pezón entre sus dedos mientras el otro lo inundaba con su saliva. Cristina estaba sorprendida de que con la de tiempo que había estado esperando para poseerla, fuera Marta la que estuviera llevando toda la iniciativa, pero teniendo en cuenta lo que estaba disfrutando no iba a quejarse, ya la tocaría a ella meterle mano a su amiga más tarde, además, el que fuera tan experta manipuladora de tetas hizo preguntarse a Cristina si de verdad era esta la primera experiencia lésbica de Marta. A esto que la mano de Marta llegó finalmente al coño de Cristina, ya totalmente húmedo. Aquí tambien eran ambas totalmente diferentes, ya que mientras el pubis de Marta era rubio oscuro y ligeramente recortado, el de Cristina era una gran mata oscura, que hizo gozar a Marta cuando ensortijaba sus dedos entre los rizos, provocando leves tirones que estremecían a Cristina. Cuando Marta introdujo dos dedos y empezó a meterlos y sacarlos con una habilidad tremendamente metódica, Cristina, que hasta ahora apretaba con ambas manos la cabeza de su amiga mientras jugaba con sus cabellos, ya no pudo más, y se revolvió como una desesperada colocando a Marta y a ella misma en la tan esperada posición del sesenta y nueve, pero antes de esto, Marta con su tremenda habilidad ya había conseguido que Cris se corriera, mojando las sabanas, al tiempo que gemía de manera escandalosa. Una vez en la susodicha posición, ambas empezaron a lamer y lamer, Cristina encima y Marta abajo, con lo que tenía una expléndida perspectiva del superculo de la chica del pelo castaño cobrizo. La lengua de Cristina recorría con gula las paredes del coño de Marta, delicioso, ardiente, mientras con una mano manipulaba el clítoris, lo pellizcaba retorcía, provocando en Marta un orgasmo instantaneo que hizo sentir en su amante al morderla repentinamente uno de sus húmedecidos labios vaginales, en esta posición consiguieron orgasmos de una magnitud que se salía de la escala de Ritcher, increibles, que las hacían gozar y gozar. Marta estaba ansiosa, tenía un antojo por el culo de Cristina, con lo que rompió el 69, deslizandose por el cuerpo perfecto de su amante, plantando su cara contra su culo, y empezando a lamer su ano, limpio, con un ligero sabor salado, impregnado de aroma salvaje a hembra, mientras con las manos azotaba y pellizcaba las duras y redondas nalgas de su amiga, que a cuatro patas no podía más que gozar y gozar de esta ardiente Afrodita que fustigaba su trasero. una vez dejado el ano totalmente húmedo, Marta deslizó nuevamente su cuerpo, pero esta vez sobre la sinuosa espalda de su amiga-continúa a cuatro patas, cariño, ahora verás- decía Marta mientras recorría la columna de su amante con la lengua hasta llegar a su nuca, que besó tras apartar a un lado sus castaños cabellos. Pero no por eso le había perdonado el culo, ya que mientras besaba su cuello, introdujo en el ano de Cristina el dedo índice de su mano derecha,con el que escarvava minuciosamente. Tanto disfrutaba Marta con esto que volvió a correrse, al tiempo que con este juego anal provocaba una nueva corrida de Cristina. Siguío con esto mientras con la mano izquierda mantenía levantada la cabeza de Cristina, mientras su boca actuaba como una ventosa húmeda en el cuello de la curvilinea Cristina. Se encontraban en una posición similar a la que adopta un leopardo, una felina salvaje en este caso, para inmovilizar a una gacela. Marta seguía lamiendo, mordisqueando y succionando el cuello de su apetitosa presa. Cristina no sabía que diría mañana en clase cuando la preguntaran quien había podido hacerle tal cantidad de chupetones, pero no la importaba, así se enterarían de que ya tenía dueña, una dueña que manipulaba su cuerpo con una maestría tal que Cristina volvió a mojar las sábanas.-Ahhhh, zorra, lo tuyo no es normal-exclamó mientras se revolvía, ahora iba a darla lo suyo. Colocó a Marta boca arriba, mientras cruzaba sus bien torneadas piernas con las de la diosa rubia, deleitándose en el proceso por el contacto con sus muslos. Quedaron sus coños ensamblados, tan calientes, tan humedos,..... qué gusto para ambas. Cristina tiró con fuerzo de la pierna izquierda de Marta, usando su hombro como punto de apoyo.Áhhhhhhyhhhh, Crisss, más fuerte- gemía Marta, mientras realizaba movimientos acompasados para facilitar el acceso, la verdad es que sentir los labios de una contra la otra era algo increible, qué forma de gozar, Cristina miraba a Marta, que gemía y chillaba, mientras con una mano agarraba una de sus tetas, redondas, duras, de tamaño perfecto, con las que no había podido recrearse hasta ahora debido a lo activa que resultó ser Marta. Simultaneamente, ambas se corrieron, fue increible, y para no malgastar el preciado nectar, volvieron a la posición del 69 para seguir chupando como gatas en celo, chupando cada una sus propios flujos del coño de la otra. Después del tremendo polvo, se abrazaron la una contra la otra, y rendidas por el esfuerzo, se durmieron. Al despertar a la mañana siguiente( la verdad es que durmieron mucho), se besaron y tocaron con desesperación, como temiendo que este sería su último encuentro.
- Esto no va a acabar aquí, eres la mejor amante que he tenido, y eres tan dulce, me vuelves loca- tranquilizó Marta a Cristina.
-Eso espero, llevaba mucho esperándote, no te vas a escapar ahora....- sentenció Cristina a Marta, mientras se daban un morreo de despedida y Marta abandonaba la casa, ante el asombro de las compañeras de piso de Cristina, que se sorprendieron al ver a esa tía tan buena a la que nunca habían visto y que había pasado toda la noche en la habitación de Cristina.
-¿Quién era esa?- expetó una de ellas.- Qué habeis estado haciendo toda la noche?.
- Una compañera de clase- sonrió Cristina sensualmente- teníamos que hacer un trabajo que llevaba pendiente desde hace mucho.
Por la tarde Cristina regresó a clase, donde volvió a ver a Marta, y aunque ambas no cruzaron palabra, como de constumbre, sus miradas lo decían todo, y en un intermedio, volvieron al servicio donde ambas se descubrieron y acabaron lo que allí dejaron pendiente, lógicamente, no llegaron a tiempo a la siguiente clase. Así, a escondidas, estas dos poderosas( sexualmente hablando ) mujeres continuaron con sus apasionados encuentros dentro y fuera de ese lugar donde tanto tiempo de sus ardientes vidas transcurría: La Facultad de Derecho.